diumenge, 3 de setembre de 2017

Singapore

Singapur


Siempre es un placer llegar a un lugar en donde se respira una tranquilidad absoluta. Un lugar en el que todo resulta extremadamente fácil. Un sistema de transporte moderno que te lleva de modo barato y rápido del aeropuerto al centro, y luego a cualquier lugar de interés. Un país lleno de restaurantes deliciosos en los que se puede degustar la comida más diversa, india, china, malé, coreana, japonesa, u occidental. No perderse una comida en el "Tim Ho Wan" en Orchad Road, un restaurante barato pero con una estrella Michellin. Una ciudad repleta de lugares interesantes, bonitos museos, bellísimos edificios coloniales, parques exuberantes, edificios del futuro y acogedores cafés.




Hacía muchos años que no visitaba Singapur. Me sorprendió la primera vez y ha vuelto a hacerlo en esta ocasión. Mi visa de Indonesia caducaba unos días antes de que mi amiga Nieves llegara a este país, así que no dudé en volar hasta allí y recorrer de nuevo esta ciudad sobre la que tenía tan buenos recuerdos.



 


Llego, como es mi costumbre, sin haber reservado nada. Prefiero ver y elegir. Pero mi visita coincide con un evento internacional, una competición de corales de varios países, y casi todos los albergues están llenos. Después de dar unas cuantas vueltas por el barrio de Little India, acabo alojándome en una pensión de inmigrantes, no se si de Bangladesh, India o Pakistan. Muy buena gente, pero el lugar es un poco sofocante y al día siguiente me mudo a un albergue más convencional, Foot Prints backpackers hostel. Allí conozco a media coral de Filipinas, una gente encantadora.




Poco después viene a recogerme al albergue Alvin, un amigo de Singapur al que conocí en Lombok, en Indonesia. Primero me llevará a comer, a uno de esos lugares llenos de restaurantes diferentes que tanto me gustan. Dejo que el escoja la comida. Se que cualquier cosa será deliciosa. Después me paseará por el centro, la “Nacional Gallery”, la Catedral de Sant Andrews, en donde pararemos a tomar un café y un pastelito, y acabaremos presenciando la actuación de una coral de Sudáfrica, que nos deja alucinados con sus cantos y bailes tribales.   








La ciudad de Singapur no es demasiado grande, y se puede recorrer perfectamente a pie. Eso es lo que haré en mi segundo día. Caminaré hacia el centro, en donde se encuentran los principales edificios coloniales, que no debe perderse nadie que visite este país. Iglesias de diferentes confesiones, The Chijmes, un antiguo complejo religioso, con orfanato incluido, hoy convertido en lujoso centro de tiendas y restaurantes, el Hotel Raffles, la joya de la corona, en donde vale la pena degustar un High Tea en su ostentoso restaurante, al que solo se puede acceder adecuadamente vestido.




Otro de los puntos de interés de la ciudad, también accesible a pie, es Chinatown. Los tradicionales edificios multicolor, un montón de restaurantes en donde puede degustarse la extensa cocina china, y un par de templos impresionantes, el de Sri Mariamman, hindú,  y el Templo del Diente de Buda, budista, justifican plenamente su visita.







Desde Chinatown camino hacia el río, otra de las atracciones de Singapore, con edificios tan emblemáticos como el Fullerton Hotel, el Victoria Concert Hall, la Esplanade, el famoso león de Merlion Park, y como no, las impresionantes vistas de Marina Bay y el Art Science Museum. Camino hacia la "Fountain of Wealth" y ceno en el “food court” que la rodea. Como siempre, me cuesta elegir el menú. Hay tanta variedad de comidas, y todas tan apetitosas…





Al día siguiente, y mientras espero que llegue mi amiga Nieves, aprovecho para visitar el barrio árabe, un lugar repleto de restaurantes  turcos y libaneses. Tras la comida me subo al metro y visito la isla de Sentosa, un gran parque temático, lleno de atracciones de lo más variado, y en donde se encuentran las playas de Singapur. Hace un calor tremendo, pero  lo tienen todo pensado y el metro conecta con un gran centro comercial, desde donde sale un mono-raíl que te lleva hasta el parque. Siempre fresquito. Una de las atracciones de la isla es el Parque Universal Studios, que sin duda atrae muchos turistas.









Finalmente, uno no puede irse de Singapur sin subir al Sky park y asistir al espectáculo de luz y sonido que se hace todas las noches en el Gardens by the Bay. O, si uno se queda con ganas de más, el del lago del Marina Bay. Y si aún se dispone de tiempo, también es muy recomendable el Jardín Botánico, uno de los más bonitos que he visitado, Patrimonio de la UNESCO, y que contiene un jardín de orquídeas absolutamente increíble.








 



A la vuelta de nuestro viaje por Sumatra, Nieves y yo regresamos a Singapur, ciudad desde la que volaba de nuevo a Madrid. Lo hicimos justo el día en que se celebraba el 52 aniversario de la creación de este pequeño país. Singapur y yo nacimos el mismo año, 1965, y curiosamente, la flor nacional de este país es una orquídea llamada Vanda Miss Joaquim, como yo… Aquella última noche, disfrutamos el espectáculo de fuegos artificiales que se celebró delante de Marina Bay para conmemorar tan señalada fecha.